Qué alegría cuando te encuentras con gente que sabe de qué va su oficio. El martes estuve comprando queso y me atendió un vendedor experto y hablador. Ahora, que si hubiera tenido prisa, bueno. Pero no tenía. Me estuvo contando de los problemas para conservar la comida que tenían antiguamente, cuando no había cámaras. Ya os imagináis que era bastante mayor. Me habló de quesos medievales y de como los conservaban en manteca (ignoro si el dato es cierto, pero me dio a probar uno de Cuenca conservado así enterito y que tenía un estupendo sabor).

Le dio a una señora la receta para conservar el queso en aceite. Casualmente yo había hecho esa misma receta hacía unos días con un queso de cabra que había comprado allí mismo, hierbas frescas y ajo. La suya era para queso feta y recomendaba aliñarlo con orégano. En todo caso es una buena solución para no tirar el queso fresco que se pone malo tan pronto.

Comparto también un truco familiar probadamente eficaz para alargar unos días la vida de estos quesos tan delicados (gracias T. M.). Consiste simplemente en no ahogarlos en plásticos sino ponerlos en un platito y taparlos con papel de aluminio de modo que en vez de irse pudriendo, se secan. En cualquier caso, duran más en el aceite, aunque el sabor cambia completamente.

Y volviendo al vendedor, no sé si lo volveré a encontrar, porque aunque parezca mentira, estaba en un supermercado de cadena grande. Sí, sí, de esos en que los empleados muchas veces no logran llegar ni a la categoría de aprendices porque cambian de cometido constantemente. Quién sabe si este excelente vendedor de quesos estará mañana filetando merluzas. En todo caso, le deseo toda la suerte del mundo.

entrada revisada el:20 02 2015
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