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A la salida del colegio me gastaba mi paga en comprar revistas y coleccionables de recetas. Nada de regaliz ni de chicles, a mí lo que me apetecía eran unas perdices estofadas, lubina al hinojo, paté con trufas…, o enterarme de qué eran exactamente cosas como el solomillo Wellington o el salmis de faisán. Quien mal empieza mal acaba, y en mi caso, como no corté a tiempo, casi no me caben en casa los libros de cocina y de gastronomía. Para complicar más las cosas, me empeñé en ponerlo todo en práctica. Por suerte vengo de una familia numerosa y con buen diente, porque si no, no sé cómo habría podido dar salida a mi producción culinaria. Actualmente, la cocina y la familia propias me proporcionan ocasiones abundantes para cocinar, y cocinar, y cocinar… hasta que caigo agotada y me piden por favor un poco de comida basura o comprar algo hecho.

Lo más desconcertante de todo es que han pasado los años y una sigue igual, con las mismas ganas de aprender y de probar cosas nuevas. Me temo que soy de las que nunca escarmientan. En 2004 publiqué las primeras recetas en Secocina y todavía espero seguir con vosotros unos cuantos años más.

Os deseo que disfrutéis tanto leyendo mi blog como yo haciéndolo.
M. Ángeles

Sí queréis saber más cosas, aquí está otra parte de lo que hago cuando no cocino: filosofía, menos gratificante para el sentido del gusto, hay que reconocerlo, pero intelectualmente mucho más.

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*Fotos en Centro Cibeles by iso00