A mi vuelta de Galicia ejerciendo de “gourmet de septiembre” tuve la buena idea de detenerme en el Cebreiro. Pueblo que era antes lugar de paso, límite entre el Bierzo y Galicia y ahora nadie lo ve, porque tras la construcción de la autovía quedó al margen de la ruta. Al salir del túnel, el Cebreiro queda ya atrás.

Y fue una buena idea porque soy muy de queso fresco y allí adquirí un par de quesos estupendos para añadirlos a un San Simón que ya llevaba en el coche y con el que hice también alguna cosilla que ya publicaré.

Compré el típico queso del cebreiro, ese que tiene forma de gorro de cocinero y una textura parecida al asturiano afuega’l pitu, pero menos astringente y más suave y “lácteo”. Un queso que me encanta.

Y compré también otro que no había probado y que me gustó una barbaridad. Todavía más fresco y, según rezaba la etiqueta, elaborado con leche cruda. No me lo creí del todo, o hice como que no me lo creía. Soy valiente en estos trances y la leche cruda no me asusta. Era casi un requesón, suavísimo, cremoso, poco ácido y con un intenso sabor a nata y a mantequilla de la buena.

Como era un queso bastante grande, degustamos una cuarta parte al natural -una delicia-, y con el resto hice estos tres tarros. Una es valiente pero comprende que tampoco es cuestión de dejar un queso fresco en la nevera varios días y que pase lo que suele pasar a veces con los quesos frescos por buenos que estén: que lo de final se acaba yendo a la basura. Hubiera sido una pena ¿no? La variedad anima al picoteo y con lo de los tarritos de sabores no se desperdició una miga…

Los tres resultaron una exquisitez a cual mejor. Los aromas caseros añadidos a discreción a este queso excelente nos hicieron despreciar inmediatamente a la mayoría de los quesos aromatizados comerciales que habíamos probado. En general suelo comprar el queso fresco de untar siempre blanco y le añado “sabores” por mi cuenta. Pero en este caso la base quesera era un mundo aparte. Mis encuestas para descubrir el más rico durante el par de días que nos amenizaron el aperitivo fueron inútiles, a todo el mundo le gustaron los tres un montón.

En el tintero -o más bien diría en el olfato, aunque sea mental- se me quedaron más ideas de hierbas y especias para añadir al queso. Como no creo que pase en breve por el Cebreiro, las probaré con requesón, añadiendo quizá algo de sal. En la receta doy a elegir, pero a sabiendas de que este queso, como veis en las fotos, aun siendo muy fresco era más maduro que el simple requesón.

La receta

Ingredientes

[para tres botes pequeños]
600 g de queso fresco artesano o requesón • 1 diente de ajo • tomillo fresco • 1 cebolleta (sólo lo verde) • 1 ct de semillas de cilantro • 6 pimientas negras en grano • 6 pimientas blancas en grano

Elaboración de los tres quesos frescos con hierbas y especias

  1. Separar el queso en tres boles.
  2. Queso fresco a la pimienta: machacar ligeramente unas cuantas bayas de las dos pimientas en el mortero y mezclarlas con el queso en uno de los boles.
  3. Queso fresco al ajo y tomillo: machacar en el mortero o con el prensaajos el diente de ajo, mezclarlo con el queso del segundo bol. Añadir hojas de tomillo fresco al gusto.
  4. Queso fresco con cebolleta y cilantro: limpiar la parte verde de una cebolleta dejando sólo la parte tierna del centro. Picarla muy fina hasta obtener aproximadamente una cucharada de cebolleta picada. Mezclar la cebolleta con el queso y las bayas de cilantro.

Notas

También se pueden probar estas mezclas con cualquier queso fresco de vuestra elección.

[1 ct = 1 cucharadita = 5 ml • 1 cs = 1 cucharada = 15 ml • 1 taza = 250 ml • Temperaturas siempre en ºC • calcular cantidades]

entrada revisada el:17 04 2015
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