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Husmeando por mis recetarios me suelo encontrar con cosas interesantes, como estas Micolas de Gistain. Gistain está en un valle del Pirineo aragonés, el valle de Plan. Sí, sí, ese. El de los tiones que no encontraban novia. El plato se hacía antiguamente en Cuaresma en sustitución del pescado y consiste en lo siguiente:

Se pone medio kilo de harina en un recipiente y se añade poco a poco agua caliente con sal. Se trabaja la masa hasta que no se peque a los dedos. A continuación se cogen trocitos de masa y se forman unos rollitos de unos 8 cm. de largo y del grosor de un dedo. Se van echando a una olla que estará hirviendo con agua, sal, cebolla y ramita de orégano, siempre por la parte que más hierva para que no se peguen. Se dejan hasta que estén cocidas y se sirven aliñadas con un majado de ajo, perejil y aceite.

Caramba, pero a qué se parece esto. Desde luego debe de tratarse de uno de los muchos platos tradicionales que nos hablan del origen difuso de la pasta, porque lo que es al valle de Plan –que por cierto es precioso– no iba ni Marco Polo… Claro que de estas micolas a la maravilla gastronómica que es la pasta –véase sin ir más lejos la de la foto que es un corriente nido– va un buen trecho. Me pregunto si las cocerían “al dente”.

La receta la he visto en: Cocina Aragonesa de José Vicente Lasierra Rigal donde indican que procede de Julia Bernad (amas de casa, Zaragoza)

[1 ct = 1 cucharadita = 5 ml • 1 cs = 1 cucharada = 15 ml • 1 taza = 250 ml • Temperaturas siempre en ºC • calcular cantidades]

entrada revisada el:19 02 2015
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