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Esto de la cocina es el reino de los grandes entusiasmos, grandes esperanzas, grandes planes y grandes banquetes. Pero los aficionados (y nuestras familias y amigos –pobres–) sabemos además de las grandes desilusiones y fracasos. Aprovecho aquí para alabar la abnegada paciencia de las familias de los cocinillas, que si bien es cierto que casi siempre comen muy variado, muy sano y muy bien, se tienen que tragar a veces cada experimento… Además suele ser difícil que se repitan los platos que les han gustado más, ya que el intrépido cocinero doméstico quiere siempre seguir probando.

Normalmente, a poco que tengas algo de práctica, el fallo no suele venir de la receta, ya que sabes escoger recetas buenas o simplemente lo ves y lo corriges sobre la marcha.
La experiencia me dice que las dos fuentes principales de platos decepcionantes o directamente incomestibles son dos:

1) Ingredientes de mala calidad o inadecuados

2) Las prisas

Muchas veces se mezclan, porque la falta de tiempo puede hacer que nos conformemos con comprar cualquier cosa. Pero normalmente la compra de ingredientes malos suele proceder del empeñarse en hacer una determinada receta caiga quien caiga. Cuando nos entra el afán (me acuerdo de Juegos de la Edad Tardía) a veces no hay quien nos pare y nos saltamos todos los inconvenientes. Que tiene que ser congelado: tienen muchas más vitaminas; que tiene una pinta horrible: eso no quiere decir absolutamente nada, ya me lo está diciendo el vendedor que lo acaba de recibir hoy; que no hay la pieza que necesito: pues esta otra puede también valer, etcétera, etcétera… Al final el plato previsto no existe más que en tu imaginación, si lo logra. Lo que se podría llamar la realidad virtual (antes impostura, trampa, engaño) del cocinero afanado. Como dice el abuelo en la mencionada novela de Luis Landero, “si quiere ser toro, toro será”. Al afanado no hay quien lo pare, por más que se empeñe en imposibles.

Y mira que nos tienen dicho que vayamos primero al mercado y luego busquemos la receta, pero es que a veces…

Y lo otro son las prisas, casi siempre debidas –sobre todo en el caso de gente entusiasta– a querer abarcar mucho y programar menús demasiado ambiciosos en relación con el tiempo diponible. Empiezas muy bien y acabas haciendo lo último de cualquier manera y en desorden y pasa lo que pasa, que te quedas sin postre. Por malo.

entrada revisada el:19 02 2015
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