Felices y epicúreas fiestas

¿Y a qué viene Epicuro aquí? Algunos pensaréis que a la vista de las actuales y críticas circunstancias me decanto sin falsa vergüenza por el desenfreno y la orgía navideña… ¡A olvidar! Pero no, nada más lejos de la realidad, y nada más lejos de lo que pensaba el pobre Epicuro, al que muchos se imaginan de fiesta en fiesta disfrutando egoístamente de los placeres más elementales. Por otra parte, como de forma más o menos consuetudinaria Epicuro ha terminado siendo una especie de patrón adoptivo de la gastronomía, no está mal recordar alguna de sus ideas. Algunas son muy interesantes para las fiestas, aunque no precisamente por sugerir placeres especialmente sofisticados ni exquisitos tal y como se entienden vulgarmente.

En realidad, Epicuro se caracterizó por ser muy austero y por necesitar poco. Cuando Cicerón visitó el Jardín, se asombró de lo pequeño y sencillo que era. No solo porque Cicerón estaba acostumbrado a las villas romanas, sino porque ya le habían colgado a Epicuro el sambenito de las orgías y de las juergas.

Claro, como se empeñaba en ser un hedonista, en que el placer es lo que da la felicidad en la vida… Cierto, dejó escrito que el placer es «principio y fin de la vida feliz» pero también es verdad que recomendaba ser un poco más listo y prescindir de aquellos placeres que acaban en displacer (por ejemplo, muchos de los excesos que suelen acompañar a las fiestas navideñas). También consideraba que una tremenda fuente de displacer era no saber distinguir lo necesario de lo superfluo (lo natural de lo vano). Lo estrictamente necesario es fácil de conseguir —Epicuro desconocía que en el siglo XXI muchas personas carecerían de lo más básico—, mientras que lo superfluo, vano o vacío, es difícil y hunde en una espiral de deseos insatisfechos. Epicuro recomendaba disfrutar de los placeres sencillos de lo cotidiano y si se tiene la oportunidad de algo especial, también, pero sin sufrir cuando esto falta. Este párrafo es especial para unas navidades “de crisis”:

«Los alimentos sencillos proporcionan igual placer que una comida costosa, una vez que se elimina del todo el dolor de la necesidad, y pan y agua procuran el máximo placer cuando los consume alguien que los necesita. Acostumbrarse comidas sencillas y sobrias proporciona salud, hace al hombre solícito en las ocupaciones necesarias de la vida, nos dispone mejor cuando, alguna que otra vez, accedemos a alimentos exquisitos, y nos hace impávidos ante el azar» (1)

Me gustaría destacar otras dos ideas de este filósofo que vivió en el siglo IV-III a. C. y que sin embargo tienen que ver con eso que llamamos espíritu navideño. Por una parte, el desprendimiento: «Confrontado el sabio a la necesidad sabe más dar que tomar para sí; tal es el tesoro de autosuficiencia que ha obtenido» (2). Epicuro fundó una comunidad, el Jardín, basada en la amistad que para él era el mayor bien que la sabiduría aporta a la felicidad de la vida y un gran placer, claro. Una peculiaridad de este Jardín era admitir a todos, incluidos esclavos y mujeres casadas o heteras, prescindiendo de su posición en la sociedad griega de entonces.

Me quedo con estas tres pinceladas epicúreas para una feliz Navidad: disfrutar con lo que se tiene sin echar de menos nada, compartir si sobra –pero con más motivos cuando las cosas van mal–, y acoger a todos en nuestra amistad.

Con ellas os deseo unas felices fiestas y un estupendo 2014.

Y me despido hasta después de Reyes, fecha en la que este blog comenzará un año especial, el de su décimo aniversario. No me propongo grandes cosas ni celebraciones, quizá simplemente alegrarnos en el recuerdo de lo hecho y de lo compartido (ya que estoy en un epicurean mood), pero de eso ya hablaremos el año que viene.
Un abrazo muy fuerte para tod@s
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1 Carta a Meneceo 130-131
2 Sentencias Vaticanas 44

A los que queráis saber un poco más de nuestro “patrón” gastronómico, os recomiendo el clásico de Carlos García Gual, Epicuro (Alianza), que justamente es el que he consultado para hacer este post.

entrada revisada el:19 12 2013
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