Últimamente las faltas de ortografía saltan por todas partes. Siempre me pillan desprevenida, y no sé por qué, porque cada vez son más abundantes. La sorpresa es aún más hiriente cuando se produce en entornos que han sido muy cuidados en todos los aspectos… menos en ese.

Para mí es una alegría tener un idioma que me permite comunicarme con millones de personas en todo el mundo (aquí tenéis muchos datos), y por eso cuido mucho la redacción y la ortografía de este blog. La ortografía, como señalaba Lázaro Carreter, es una manera de conservar la unidad del idioma, ya que no todos pronunciamos igual. Aquí en Secocina estamos conversando sobre nuestra común afición gastronómica con gente de tantos lugares, y todo gracias a esa maravillosa lengua que es el español. Por eso también os lo agradezco mucho a los que tenéis en cuenta este aspecto en vuestras aportaciones y comentarios.

Pero no es esto a lo que iba, en realidad. Lo que me llama mucho la atención, y me apena bastante, son las faltas de ortografía en letra impresa. Faltas perpetradas a conciencia –o a inconsciencia– que surgen del papel como un grito de incultura. Las hay en cualquier ámbito, pero me voy a centrar en el gastronómico. Las cartas de los restaurantes son un primer ejemplo. Encontrar en ellas “hierba” –producto vegetal, no el presente de subjuntivo de hervir– con “v” es ya de lo más normal. Estoy hablando de restaurantes buenos, con cartas de diseño. Nada de cartas fotocopiadas o escritas a toda prisa. Otra falta frecuentísima es “ribera” escrito también con “v” en las cartas de vinos.

Más todavía entristece ver faltas en publicaciones prestigiosas y premiadas por su diseño como por ejemplo Vino+gastronomía. Me gusta mucho esa revista y suelo comprarla, pero los premios no impiden que en sus páginas se puedan encontrar a veces errores de este tipo. Tengo delante una receta de pochas allí publicada en la que un descarado “absorvido” hace olvidar lo cuidadísimo de todo lo demás.

En Sergi Arola: Cocinar es divertido, un “hiervas aromáticas” se atreve a aparecer tan campante en una receta de nada menos que “Tosta de queso azul, chantarellas escabechadas con nuez moscada y unas chips de espinacas”. La receta la he probado y es buenísima, pero me pregunto por qué la falta de ortografía en un librito en el que las fotos y la edición son tan meticulosamente cuidadas. Son muy interesantes las fotos de ambiente en las que aparecen los cocineros y fotógrafos trabajando y dan una idea del interés en que todo sea perfecto. Entonces ¿por qué esa negligencia con el idioma? Al final, ese descuido que se cuela entre tanta ceremonia de nombres de platos, fotos y demás hace que se me venga a la cabeza la palabra “cursilería”. Lo siento. Pero si se quiere hacer una buena edición de lo que sea, lo mínimo es un corrector que sepa lo que hace.

Creo que una receta –o un artículo, o una carta– bien escrita y sin faltas es el mayor lujo que se puede proporcionar. La edición y las fotos, en mi opinión, van después.

entrada revisada el:20 02 2015
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