Hay épocas mejores y peores para un gourmet de vacaciones. Entendámonos, de vacaciones del resto de las cosas, porque el gourmet, como tal gourmet, jamás descansa…


Olvidadas están ya las desgracias que os contaba por boca de ese pobre gourmet del mes de agosto. Ha llegado septiembre, se ha mediado, la odiosa rutina parece por fin retomar su ritmo tranquilizador. Todos los proveedores habituales han regresado, a veces con alguna novedad apetecible y exquisita. El gourmet descansa, soñando ya con el otoño y su apetitosa y hogareña cohorte de alimentos y recetas. Todo respira una tranquilidad alegre y confiada.

Quizá sea entonces el momento de subirse al coche, un lunes por la mañana, mientras la ciudad ya rebosa actividad y movimiento y dirigirse tranquilamente a esos lugares que tras el verano quedaron desiertos.

Por qué no. Todavía hace tiempo de dar un paseo en soledad por una playa salvaje. Nadar un poco mientras los cormoranes y las gaviotas se zambullen a tu lado. Ver a los pescadores trabajando.

Comer tranquilamente en esos restaurantes que sabíamos, sin reservar, sin prisas, dejarnos aconsejar sabiendo que nuestra confianza no será defraudada. Sabes que si vas a tomar las zamburiñas de tu vida, el mejor besugo a la parrilla, las mejores almejas, tiene que ser ahora y no entonces.

Pasear los caminos junto a los que recogen castañas. La lluvia las ha dejado por el suelo, sobre las vallas. Pasar junto a los huertos donde se van formando las calabazas. Detenerse junto a las flores que gotean y una pila que se ha llenado de agua.


Ir a esa panadería que sabemos y comprobar que han apagado la máquina de dar número. La panadera nos aconseja, los parroquianos también. Por una puerta abierta se entrevé el obrador: los panaderos amasando, sacando los panes y las empanadas del horno de leña con las largas palas de madera.

En estos momentos el gourmet se reconcilia con las vacaciones y se olvida del mundo.

Pero el gourmet de septiembre, que tras superar tantas pruebas y sortear tantas amenazas durante el verano, se ha hecho sabio, resiste la tentación de alargar la holganza al fin de semana. Mientras el viernes se cierne sobre su provisional alojamiento y van llegando gentes en “todoterreno” con disfraz de cazadores, liquida su cuenta y regresa a la seguridad del domicilo habitual sin lamentarlo demasiado.

* Todas las fotos están hechas en la zona de la Costa de la Muerte en Galicia. La toma de Cabo Vilano al anochecer y la de las calabazas hay que agradecéselas Iso00.

entrada revisada el:14 03 2012
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