Leemos libros, pasa el tiempo y nos quedamos con pinceladas, a veces geniales, quizá con un título, un nombre. Puedes decir que sí, que lo has leído, recuerdas que te gustó, el contenido vagamente, lo justo para hilvanar un par de frases si sale el tema. Hasta que un día te apetece volverlo a coger y de pronto recuerdas.

Eso fue lo que me pasó con Alice o el piano de los ángeles – Cuento gastronómico de la jurista y gastrónoma francesa Odile Godard. Me gusta saber que hay estupendos escritores gastronómicos vienen del mundo del Derecho. Pienso también en Juan Perucho, que fue juez, y me intento apuntar mentalmente a esa estirpe jurídico-gastronómica, porque soñar es gratis. El libro de Godard se editó en español en 2001, así que supongo que lo leí por esas fechas. La relectura ocho años después mereció la pena.

No me interesaron tanto los datos históricos que apunta como la simple y sencilla narración de la vida diaria indisolublemente entrelazada con la cocina y la comida. Una serie de alimentos considerados simbólicos del mediterráneo: pan, aceite, vino, miel, almendras, cordero, pescado, leche, manzanas, hierbas o higos le sirven a Godard para tejer su cuento. Se echan de menos las legumbres, pero el olvido se remedia mediante un cuento que rebosa placer de cocinar, de los mercados, de los ingredientes, de las cosechas, de los vinos, de la alegría ancestral de la preparación del banquete. Nos habla de recuerdos, de reuniones familiares y de amigos, de vida doméstica, pequeños problemas cotidianos, de los hijos que se van y la vida que sigue. Todo ello sin moderación ni recato alguno.

Releía también estos días a Cunqueiro (que ya os comentaré), y pensaba que hemos perdido esa despreocupación, ese disfrutar del momento que brota de su pluma sin vergüenza ni culpa. Pensaba que el ser tan responsables y conscientes de nuestra salud como hoy somos puede que nos esté quitando algo de felicidad y quizá de algo de salud de paso. Soy la primera que anda estudiando etiquetas y preocupándose de grasas saturadas y no saturadas etc., etc. Pero me parece que estoy dispuesta a enmendarme, aunque sea en parte o a veces. El banquete es legítimo y necesario. También puede serlo estar el lunes a dieta blanda, no lo dudo. Pero ser tan estrictos como nos aconsejan por todas partes es profundamente cansado. Odile Godard transmite esa sensación dominical que el banquete tiene en nuestra cultura: la abundancia de las cosechas, los ritos que enlazan con otros más antiguos y estos con otros más antiguos aún, y el sentirse parte de todas esas tradiciones haciéndolas vivir en la propia mesa. Ideas absolutamente oportunas para la navidad.

Además de todo eso, el libro trae recetas. Recetas clásicas, confeccionadas de forma casera, con su toque personal, pero con la seriedad de un auténtico chef y una sencillez que las hace elegantes y bellas sin verlas, ya que no hay fotos. No las necesita. Las recetas se cuentan, no se dictan, como las contaría una amiga en la sobremesa, con la última copa de vino en la mano a la luz de las velas. Y ya las ves. Recuerdo que por las fechas en que leí el libro por primera vez cociné unas cuantas y son deliciosas. Me apunto (anotación nº milnosecuántos) cocinar algunas más y postearlas.

He estado buscando el libro en Internet para indicaros cómo conseguirlo, pero está agotado. Si podéis, intentadlo en librerías de viejo. Ya veréis como lo disfrutáis, es un auténtico banquete.

Quiero desear a todos los amigos de Secocina unas estupendas navidades. Que disfrutéis con vuestra familia y amigos de muchos banquetes en los que vuestras exquisitas recetas den felicidad a todos y contribuyan a que la paz y la amistad estén siempre presentes en vuestras vidas.

Feliz Navidad
M. Ángeles

entrada revisada el:29 11 2015
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