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Esto de publicar recetas da muchas satisfacciones. Cuando alguien te dice que está enganchad@ a tu web y que siempre que tiene que cocinar la consulta porque sabe que encontrará algo rico, piensas que merece la pena el esfuerzo que supone mantenerla, las fotos… etc. etc.

Pero es cierto que en ocasiones se me han quejado de que tal o cual receta no sale. “Oye que tengo el bizcocho en el horno y no sube…”, “mira, esto salió seco…”. Entonces tienes que empezar a averiguar qué fue lo que hicieron exactamente, para ver si desccubrimos dónde está el fallo. Porque suele darse el caso de que son recetas que a mí me salen de maravilla (por eso las publico). Y resulta que te das cuenta de que unas cosas hay que hacerlas al pie de la letra, y otras no.
En fin, que empecé a fijarme en mi actitud personal cuando leo recetas, para constatar, contariamente a lo que pensaba, que es absolutamente crítica. Vamos, que ya pueden ser del chef más consagrado, que me da igual, ¡¡¡no me las creo!!! Según leo me voy haciendo la adaptación personal a mi horno, mis cacharros, el tamaño de las cebollas o los tomates que tengo en la despensa, los ingredientes que realmente puedo conseguir y los que no, la presentación que me apetece…

En todas las recetas (buenas, se entiende) hay un meollo: una idea, una combinación especial o un procedimiento interesante, pero también hay cosas que se pueden cambiar y no pasa nada. Otras, se deben cambiar porque si no las cambias sabes que no saldría nada en absoluto (esto suele pasar con las manías de los hornos). Y otras, que las cambias porque simplemente te apetece.

Lo imposible de hacer recetas al pie de la letra ha sido contado con mucha gracia por Julian Barnes en El perfeccionista en la cocina. ¿Qué es exactamente una cebolla grande? ¿Pero es que nadie se da cuenta de las diferencias enormes de tamaño que hay entre simples dientes de ajo? Cuendo dice 3 huevos, ¿cuánta cantidad de huevo quiere decir exactamente? Pues sí, pero las recetas que te dicen 10 g de ajo, 115 g de clara de huevo, 5 g de sal, agotan a mucha gente que se niega a pesarlo todo y que prefiere interpretar la receta conforme a su experiencia en la cocina y el sentido común.

Está claro que cuando una receta dice “punto de nieve” es punto de nieve y no otra cosa, pero está claro también que una buena receta con ser una base indispensable, no lo es todo. ¿Qué le quedaría entonces al buen hacer del cocinero? Por mi parte estoy segura de que a la mayoría, gracias a vuestra “mano” os salen mis recetas mucho mejor que a mí. Desde luego, eso es lo que os deseo a todos.

entrada revisada el:29 11 2015
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