Congelado como las coles que podéis ver en la foto si seguís leyendo el post, es como ha estado este pobre blog todas las navidades. Pero de ninguna manera es porque no haya cocinado. Qué va, al contrario. El día que no he cocinado para cien, he cocinado para doscientos.

Bueno, no tantos, pero sí he cocinado un montón y para mucha gente. Tanta que no había manera de hacer fotos, de modo que mis guisos se quedaron compuestos y sin foto.

A cambio, y como a falta de pan buena es cualquier cosa, he aquí unas cuantas fotos que hice en Sallent de Gállego en cuanto pude poner un pie en la calle, porque entre guisos, gripes y el tiempecito que hizo, no había manera de organizarse.

Sallent es uno de los pueblos más bonitos que conozco y está en uno de los sitios más bonitos que conozco también: el Valle de Tena. Todo es precioso, las montañas, los lagos, las casas, cualquier rincón y hasta una puerta.

En cuanto a mis cocinas navideñas, os diré que este año el foie gras me quedó como nunca. Todos los años hago terrina para nochebuena. ¿Por qué salió mejor? Creo que simplemente porque compré un foie de mejor calidad. Llevaba un par de años comprándolo en el Corte Inglés y aunque no estaba malo, no me terminaba de convencer el resultado final. Decidí volver a comprarlo en el mercado, ya que como mínimo no lo está tocando todo el mundo, sino sólo el pollero que ya se preocuparía, pensé, de ir con cuidado. Definitivo. Salió muchísimo mejor y no creo que fuera por la marca, en este caso francesa, sino por lo que os digo. Los foies son delicados y no deben andar rodando por las estanterías aunque sea en una cestita. Os prometo la receta en cuanto tenga foto, lo cual implica que tendré que hacerla cualquier día de estos y que nos la zamparemos en petit comité. Me está gustando el plan.

¿Qué más hice? Pues una pavita deshuesada y rellena que hago también todos los años para el día de Navidad. Tal es el follón de gente ese día, que casi ningún año puedo hacer foto, y los años en que alguien la ha hecho o no ha salido bien o se les olvida dármela. Y no sólo eso, sino que con el lío de los días previos a las navidades, nunca me acuerdo de cómo hice la receta el año anterior, porque nunca tengo tiempo de apuntarlo -o nunca encuentro el papel-. De manera que la famosa pavita se está convirtiendo sin querer en una de esas recetas cuyo secreto nadie conoce. Lo malo es que yo tampoco. Milagrosamente sale igual todos los años. Cosas de la Navidad.

Por otro milagro, para fin de año pude hacer este capón, del que por supuesto no hay foto. Por otro milagro digo, porque llevábamos varios días con tanta nieve que no se podía casi salir o era muy complicado. Pero al final se pudo y se pudo conseguir un capón y unas cuantas cosillas más. El capón es el ave más agradecida que existe. A mí me encanta. Salió además un montón de salsa buenísima, de modo que el día 2 de enero, cundo ya no quedaban ni los huesos del capón, hice un lomo de cerdo y nos lo comimos con la salsa. Algunos decían que estaba aún mejor. Madre mía, si el capón levantara la cabeza.
Hay gente para todo.
Si hasta hubo quien dijo que se podía patinar en este pantano.

Afortunadamente, volvemos a la tranquilidad. En mi caso ya me estoy preparando recetas normalitas, muy sanas y humeantes y estas sí, serán puntualmente fotografiadas y anotadas.

entrada revisada el:20 02 2015
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