19 11 08

Sigo con las verduras

Esta vez os voy a contar mi vida. Es espeluznante.
Lo primero, la terrible confesión: hasta casi los treinta años de edad yo no comía 1) ninguna hoja verde, 2) legumbres. Había muchas más comidas que no me gustaban y que me fueron gustando poco a poco. Otras nunca.


¿Cual era el problema? Para mí estaba claro: “las cosas”. No podía comer nada que para mí fuera sospechoso de tener “cosas” que luego me formaran un asqueroso estropajo en la boca. Todo el que ha sido niño me entiende y sabe perfectamente qué son las “cosas”. Pueden estar en un filete, en una salsa o en la lechuga. Los purés no representaban ninguna solución. Me los tomaba con una aprensión horrible ya que las “cosas” podían estar escondidas en cualquier bocado.
Pero con todo, la explicación no es suficiente. ¿Es que los guisantes no pueden tener cosas?, ¿o la coliflor?, ¿o las alcachofas? Porque todo esto sí me lo comía. Sí, sí, comía alcachofas. Y me hacía mucha gracia beber después agua.
Total, que un día que andaba psicoanalizándome mientras pelaba acelgas, di con el quid de la cuestión: una muñeca -la muñeca maligna (aaaahhhh)- tenía la culpa de todo. Chaaannn. Resulta que tendría yo tres años o así cuando me regalaron una muñeca simpatiquísima que a mis padres y a mí nos hacía muchísisma gracia. ¿Y cual era la gracia? Pues que cuando le acercabas a la boca una cucharita llena de una especie de espinacas que traía, la muñeca decía que ni hablar, oye. Que imposible. Movía la cabeza: “ no, no” y no había manera. Supongo que tenía un imán. En cambio le acercabas el biberón y se lo tomaba.
Total, que entre eso y los dibujos de Popeye lo tuve bien claro: hay cosas bastante asquerosas que ninguna niña lista debe jamás tomar se pongan como se pongan los mayores. No digo que al 100%, pero los prejuicios del mundo adulto pueden condicionar a los niños sin que nos demos cuenta.

Ahora viene por qué cambié de opinión.
Cuando empecé a ir al mercado y vi los manojos de espinacas y de acelgas fresquitas, ¡me apetecieron! (Las bolsas de verduras preparadas ya se habían inventado pero no estaban tan difundidas como ahora). Las primeras veces que compré aquellas verduras me pasaba horas limpiándolas y tiraba casi todo. Eso me daba la seguridad de que no me iba a encontrar estropajos, ni siquiera la más mínima hebra. Ahora las verduras de hoja me encantan y las preparo en un minuto. Y tampoco desconfío si las limpian otros, lo cual no deja de ser un alivio…
Por eso creo que es una buena idea que los niños ayuden a preparar las verduras, así están seguros de que no les colamos nada “malo”. Y otra cosa, cuanto más frescas y tiernas sean las verduras, menos hebras y estropajos habrá. He visto a niños que normalmente se ponen una cucharada, repetir tres veces de unas judías recién traídas de la huerta, simplemente cocidas y aliñadas con un poco de aceite.
Lo de cómo empecé a comer legumbres lo dejo para otro día, que hoy me he enrollado bastante ya .

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5 Comentarios »

  • carmen rico cots • 20 . 11 . 2008 • 21:31

    Te diré Spoon que yo hasta que tuve mi primer hijo odiaba las verduras y no digamos las alubias! no soportaba ni el olor. Mis padres tenian una buena lucha conmigo. Cuando empecé con los purés de mis hijos, a pelar las acelgas, las judias verdes, verlo todo tan fresco y que se lo comían con esa ilusión, me dije: ¿pero habré sido estúpida? y ahora, bueno ahora no, hace ya muchos años no puedo vivir sin ellas! ni sin mi plato de garbanzos y lentejas.
    Que bien tu post que me has hecho recordar esos tiempos tan lejanos!!
    Un beso

  • Spoom • 21 . 11 . 2008 • 8:43

    Eras aún peor que yo, Carmen!!!! Pero nos pasó lo mismo: nos apetecieron las verduras por las buenas al verlas crudas y frescas.
    Un abrazo

  • Lila Ortega • 22 . 11 . 2008 • 20:02

    Hay un post tuyo en feminity.es
    Saludos!

  • Spoom • 23 . 11 . 2008 • 8:57

    Hola Lila,
    En seguida me he ido a verlo. ¡Qué mona está la foto en chiquitito!
    Un abrazo

  • Los niños y las verduras- secocina.com • 27 . 01 . 2010 • 16:56

    [...] Continúa en Sigo con las verduras [...]

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