Cuando en los cómics de Asterix salían los banquetes de los romanos, los niños nos partíamos de risa. ¡Qué barbaridad! Cuellos de jirafa rellenos, lenguas de pájaros, tripas de osos fritas en grasa de uro, pies de uro en crema y que sé yo cuántas cosas más. Están locos estos romanos. Con lo ricos que eran los macarrones con chorizo y el filete con patatas. Aunque tampoco es que aquellos platos fueran nada del otro jueves si nos vamos a ver lo que hoy se sirve en cualquier restaurante moderno. Aissss.. qué difícil es ser moderno, caramba. En cuanto te despistas, resulta que todo lo han inventado ya. Cuando no son los japoneses o los chinos, te salen con los romanos. Qué cruz.

Pero para que veais que lo de comer cosas raras tampoco es cosa sólo de restaurantes modernos o de orgías romanas, fijaos qué recetas más curiosas he encontrado por ahí:


Álvaro Cunqueiro en Viaje por los montes y chimeneas de Galicia (escrito junto con Jose María Castroviejo), obra de la que he manejado una edición revisada de 1978 –o sea, anteayer–, proporciona los métodos culinarios aplicables a avefrías, tejones y nutrias. El avefría la recomienda asada con castañas o manzanas. También en ensalada con trufas y setas, aliñada con aceite y limón y acompañada de un blanco frutal. No está mal. ¿Y por qué becadas o faisanes y no avefrías, verdad? Pero lo de los tejones y las nutrias es un poco más fuerte. Sobre todo lo de las nutrias, con lo simpáticas que son. De ellas no aconseja comer sino los lomos y la cabeza. Siento pena, aunque cierto es que también hay conejos y corderos muy monos y la mayoría nos los comemos sin rechistar.

Pero por los montes hay muchos mas bichos que pueden perfectamente ir a la cazuela. Por ejemplo, ¿qué os parece un erizo guisado? En Mª Gloria Corpas: La cocina cántabra de ayer y hoy (1984), aparece una receta que indica –prudentemente– pelarlo primero, adobarlo con sal, ajo y pimentón y después guisarlo con cebollas, ajos, perejil y vino blanco. Más que guiso de banquetes, parece receta de escaseces, pero quién sabe. En un restaurante creativo le pondrían de adorno las púas fritas “crujientes”, supongo.

Fuera de escaseces y de sibaritismos, La cocina de ellas de Teodoro Bardají, es un libro dedicado a las amas de casa españolas de los años 50 y contiene recetas para preparar nada menos que pavo real o, por qué no, ballena. De ballena vienen seis recetas, (en cambio sólo dos de lubina, qué curioso): ballena estofada, en fiambre, o fricandó. También se comen los sesos (de la ballena), que se aconsejan escalfados y con una salsita fuerte. Para fiambre, se especifica que la mejor pieza es un trozo de cachalote o ballenato joven. Vale. Me imagino pidiéndolo en la pescadería.

Los tiempos cambian, pero como veis no me he ido al famoso libro de Leonardo da Vinci, ni a nada por el estilo. Y además, es difícil asegurar que algo es raro. Quizá en cuestiones de comida debamos quedarnos con la acepción de “poco común o frecuente” y ya está. ¿Son raros los callos? ¿y las morcillas? ¿y las gambas? ¿a quién se le ocurrió comerse un pulpo? Pues anda que los garbanzos, y el lío que es hacer pan. Y entre unas pezuñas de uro o unas manitas de cerdo, tampoco veo yo que haya mucha diferencia. Unas son normales y lo otro es raro, porque uro no hay más que la “reconstrucción” del zoo. Lo mismo que el pavo real, que sólo lo tienen en los parques. Si se criaran como las gallinas…

entrada revisada el:20 02 2015
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