19 03 07

“Por el camino de Swann”. En busca de los sabores perdidos.

La verdad es que hoy pensaba escribir acerca de algunos guisos recientes, pero resulta que he dado con unas notas tomadas el verano pasado mientras disfrutaba de las vacaciones leyendo una de mis obras favoritas:En busca del tiempo perdido.

Todos estamos hartos de la dichosa magdalena mojada en el té, así que no pienso decir nada de ella. Únicamente que a la vez que es representativa del poder evocador de los sentidos, lo es también de la enorme importancia que tiene la comida desde este punto de vista en la novela de Proust.

Ya “Por el camino de Swann” relata con generosidad inigualable la catarata de imágenes, olores, sonidos y también de sabores que representa Combray. No hay más que recordar esa despensa que “más que la guarida de Francisca, parecía un templecillo de Venus. Rebosaba con las ofrendas del lechero, del frutero, de la verdulera, que venían muchas veces de lejanas aldeas a dedicarle las primicias de sus agros. Y su tejado coronábalo siempre un arrullo de paloma.”

Imaginar la cocina generosa y llena de fresca -y aun viva- materia prima en la que la fenomenal Francisca prepara sus sólidos banquetes evoca veranos espléndidos de pasear, soñar y también -como no- comer. Porque en la obra de Proust las comidas, las cenas, los mercados, los vendedores callejeros, los restaurantes, los menús domésticos forman parte de la vida de la narración como las estaciones el año, los espinos rosas y blancos del camino, o la luz en las vidrieras de la iglesia de Combray.

“…la lista de nuestras comidas reflejaba en cierto modo, como esas cuadrifolias esculpidas, en el siglo XIII, en el pórtico de las catedrales, el ritmo de las estaciones y los episodios de la vida: un mero porque la vendedora le había garantizado que estaba fresco; una pava, porque la había visto muy hermosa en el mercado de Roussainville le Pin; tuétano con cardos porque todavía no nos los había hecho así; una pierna de carnero asada porque el salir da ganas (…) albaricoques, porque eran de los primeros; grosellas, porque dentro de quince días ya no habrá; frambuesas, porque las había traído expresamente el señor Swann…”

Cocina de mercado pura y dura, cuya descripción tan detallada y tan hermosa nos encoge un poco el corazón al pensar en lo que a veces encontramos en los actuales mercados de ciudad. Nos hace pensar en sabores perdidos -o muy posiblemente para muchos de nosotros, jamás conocidos-. Y cómo no, nos despierta un callado asombro ante la maga cocinera de esta obra maravillosa, la implacable Francisca, de pundonor profesional digno de un Vatel, que es capaz de degollar un pollo con crueldad definitiva, y tambien de oficiar una crema de chocolate “leve y fugitiva como una obra de circunstancia en la que hubiera puesto todo su talento”, crema que ni siquiera la excusa de la dieta -inexistente en aquellos tiempos- nos permitiría rechazar. En palabras de Proust “dejarse una gota en el plato hubiera significado una descortesía semejante a la de levantarse, estando delante el compositor, antes de que se acabe el trozo que están ejecutando”.

Yo desde luego, no pienso dejarme nada.

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Las citas son de Marcel Proust: “En busca del tiempo perdido. (1. Por el camino de Swann)”. Trad. de Pedro Salinas.

2 Comentarios »

  • hitomi • 02 . 06 . 2007 • 16:14

    esta muy interesante , pero cuesta mucho trabajo encontrar la novela y ademas de ser algo entratenida creo que le falto alga mas concentrante y mas interesante

  • Spoom • 02 . 06 . 2007 • 20:16

    Hay que tomársela con calma desde luego. Yo casi todos los veranos me leo una o dos partes. En librerías grandes que tengan clásicos no es tan difícil de encontrar. Hay varias ediciones en español.
    Sin duda merece la pena.
    Un saludo, Hitomi.

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