06 10 06
Más de turcos y el problema de elegir las bebidas
Pese a lo que pudiera parecer, la cena turca del otro día no consistió solamente en el postre y el café. Lo que pasa es que no me acordaba de los nombres de los platos, que fueron unos cuantos, y no quise parecer poco científica…
Pero como mis amigos gourmets son un asombro de eficacia, me han mandado casi todos los nombres, y ya puedo deciros que comimos: Cacik, Patlican begendi, Patlican kebab, Karides güveç, y otras cuatro o cinco cosas más en las que fueron protagonistas las berenjenas (me sospecho que se llaman patlican en turco).
Además, continuando con las aclaraciones, y en pro de la sinceridad total, tengo que declarar que toda esa comida exótica la acompañamos con un Rioja. No tuvimos el valor de prescindir del vino, tan enraizado está en nuestras costumbres gastronómicas. Y con esto me voy al tremendo problema de qué vino escoger para cada plato, tremendo problema designado por la tremenda palabra “maridaje”. La alusión matrimonial me parece como de ”happy end”. Una insinuación de que al final, lo mismo que cada oveja encuentra a su pareja, cada plato acaba encontrando con qué beberse, aunque en ambos casos a veces nos parezca increíble. Pero ay, la vida real es otra cosa.
Tenemos las reglas de toda la vida, que en general funcionan, pero que creo que hoy día se ven muy superadas por la increíble variedad de vinos al alcance de la mayoría por una parte, y por otra, por la propia evolución de la cocina que ahora mismo hace cada vez más difícil encontrar combinaciones satisfactorias.
Dicen que la alta cocina actual casa malamente con el vino, precisamente debido a la fusión con otras cocinas y a la sucesión de muchos platos de muy variados sabores en la misma comida. He llegado a ver recomendada la cerveza o un vino blanco muy flojito. De verdad. Y me da pena.
No concibo una comida completa sin vino, y lo del vino blanco flojito, para que no tape las delicadas armonías de sabor de los platos, pues me da pena también, ¿por qué arrinconarlo a ese triste y anodino papel? Cuando vino y comida armonizan bien, ambos se van a la estratosfera del sabor, crecen de un modo que por separado sería imposible. Es cierto que esta plena conjunción no se da al cien por cien todas las veces, pero cuando sucede es algo magnífico y a recordar. Creo que la solución está en el vino por copas, cosa que muchos restaurantes ya sirven y que aumenta desde luego las probabilidades de acertar. Y si además tuvieran la bondad de aconsejarnos bien… bueno, eso quizá sea soñar despierta.
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2 Comentarios »
lucce • 19 . 10 . 2006 • 22:47
Estoy totalmente de acuerdo con este post. El asunto del maridaje se está llevando a tal extremo que al final uno se siente un tanto incómodo al dudar de que vino elegir o que combinación irá mejor… Entiendo que los maridajes bien hechos realzan ambas ingestas pero tal es la variedad de platos que yo ya me mareo. En fin, como tú, la mayor parte de las veces, por muy rara o exótica que sea la comida casi siempre solemos decantarnos por vinos conocidos de calidad, casen mejor o no.
Y, por cierto, Turquía, aunque ahora no se caracterice por su producción vinícola, ha sido una de las cunas de la cultura vinícola de la región mediterránea. Como la verdad no quiero extenderme demasiado en este mensaje, prometo una entrada en Degústalo dedicada a tu interesante blog en el que te daré más información acerca de Turquía y el vino. Saludos desde fogones.
Spoom • 21 . 10 . 2006 • 9:05
Gracias por tu interés Lucce, y esa información que apuntas sobre Turquía y el vino, muy interesante, desde luego. Cierto que la mitología griega se ocupó por supuesto del vino y se dice que en la isla de Cos se plantaron las primeras cepas. La viticultura pasaría así de Grecia a Italia, como tantos otros elementos de nuestra cultura que tienen su origen por allá.
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