14 09 06
Manteles de papel
Gracias a las vacaciones hemos podido comer y cenar en restaurantes de los pueblos de España y comprobar una vez más que sigue existiendo la posibilidad de encontrar mesones, ventas, posadas, bodegas, que asombran por su calidad algunas veces y por su sencillez y corrección, otras. ¡Y no salen en las guías! Alguno de ellos no tenía ni nombre.
También nos hemos encontrado con que la plaga de los modernos llega a los sitios más inesperados, y es que lo malo de los cocineros geniales son los imitadores. Me encantan las innovaciones en cocina y me encanta variar, pero cuando llegas al asador de siempre esperando el asado o el guiso que de toda la vida “bordaban” y resulta que te lo dan en piruletas, pero que ni las susodichas piruletas ni ningún otro invento de los que nos sirven saben a nada, que la vajilla, el servicio y el local están al igual que la cocina a años luz de lo que pretenden, que te molestan una y otra vez para que te asombres ante cada plato como si vinieras de otra galaxia, que te decantan el vino porque sí, y encima no te dejan fumar…
Es cierto que las circunstancias influyen mucho, y sólo un poco cierto que a buen hambre no hay pan duro, pero si tuviera que elegir una comida en local público de las celebradas este verano de 2006 me quedaría con la que hicimos uno de estos días de agosto en un lugar cuyo nombre –o descripción, quién sabe- era “Hotel de montaña”. Colgado de la falda de un monte, a la entrada de un cañón impresionante de los Pirineos, tenía montada (cierto que de espaldas al increíble paisaje) una terraza de mesas ataviadas con manteles de papel, perros durmiendo y jaula con canario. A continuación, una ensalada de lechuga bien crujiente, cebolla, espárragos, grandes trozos de atún y estupendos tomates rojos, longaniza y cordero a la brasa con patatas fritas, y de postre helados: eso fue todo. Ah bueno, y también una frasca de vino que mejor no comentar, al menos estaba fría…
Vale, no parece una maravilla, pero tampoco lo pretende. Puede que todo dependa del día tan bonito que hizo y del hambre que teníamos, puede que otro verano regresemos y suframos una decepción, no sería la primera vez, pero aunque todo influye, lo fundamental de comer al final viene siendo la comida y si es buena y está bien hecha da lo mismo que sea sencilla, y si es mala o mal hecha, ¿es que a alguien le sirve de consuelo lo modernísima que era la receta?
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