26 06 06
Magia, salud y bichos raros para comer.
En todas las civlizaciones los hábitos alimentarios se han interrelacionado con lo sagrado, la moral y la medicina. Y aunque hoy esto nos parezca superado, yo no diría que tanto. No hay más que ver lo mucho que nos preocupamos -bien educados desde al infancia para comer sano- para que lo que comemos sea beneficioso para nuestra salud. Muchos alimentos se ponen de moda por sus cualidades saludables. Hasta se pude decir que si un alimento nuevo no viene avalado por una lista suficientemente larga de virtudes preventivo-curativo-saludables tiene pocas posibilidades de triunfo a la larga.
La globalización alimenticia o la cocina de fusión nos traen productos ajenos a nuestra tradición que rápidamente se analizan, estudian y experimentan y a veces se terminan convirtiendo en panacea. El caso de la soja es llamativo y no aislado. Como ahora sabemos mucho de todo, toda recomendación alimenticia nos parece la mar de seria, mientras nos divertimos mucho con antiguas creencias que solemos considerar supersticiosas y sin fundamento.
El Arte Cisoria del Marqués de Villena (siglo XV) nos proporciona una serie de ideas para reparar la salud a base de comida, algunas de las cuales esperamos fervientemente que no recuperen credibilidad: Además de estas cosas, que se comen por vianda, mantenimiento o placer de sus sabores, se comen otras por medicina, como carne humana para las quebrantaduras de huesos y carne de perro para calzar los dientes, carne de tejón viejo para quitar el espanto y temor del corazón, carne de milano par quitar la sarna, carne de abubilla para aguzar el entendimiento, carne de caballo para hacer esforzado al hombre, carne de león para ser temido, carne de cebra para quitar la pereza. De los reptiles, las ranas para refrescar el hígado, las culebras para el herpes, los gusanos del vino para aguzar el estómago. Las cigarras contra la sed, los grillos contra la próstata y otras cosas semejantes para ayuda y reparación de la naturaleza. ¿Había que huir en aquella época de los entablillados? Sinceramente, lo ignoro.
Pero puestos a comer bichos raros, de los cuales el humano no es el que menos, todo hay que decir, estaba pensando en la tabarra que nos vienen dando últimamente con cigarras, grillos, gusanos y demás insectos llegados no se sabe por qué ni cómo desde países lejanos, vestidos con ropajes de lo más “chic”, y repletos parece ser de virtudes alimenticias y gustativas. Tanta bondad en un sólo bicho aturde, ¡qué cerrazón mental la de aquellos que se nieguen siquiera a probarlos!
Yo por mi parte, y visto lo visto, guardaré un prudente silencio (aunque de momento confieso que no los pondré en la lista de la compra) y esperaré tranquilamente a que la gracia pase y se olvide…, o a que los vendan en polvo en los herbolarios.
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