23 10 06
Los libros de cocina de Marie Curie
Me entero por la prensa económica de la existencia de una Asociación Internacional de la Ciencia del Café en cuyo marco una serie de científicos han convencido de que el café, además de ser un poderoso antioxidante, puede contribuir a la lucha contra el cáncer, la diabetes, la enfermedad de párkinson y el alzheimer. No me choca nada que el presidente de la asociación sea el dueño de la empresa italiana Illycafé, porque ya sabemos, avalado por numerosos estudios, que el tocino hace mucho daño, salvo que sea de ibérico, que el queso da colesterol del malo, salvo que sea de leche cruda, que las grasas saturadas del foie gras son la mar de saludables, no así las del paté corriente, esas pueden ser mortales…
Y es que, cuidado, cuidado, porque el veto médico puede arruinar a cualquiera y el aval científico subir las ventas de una forma estupenda. Pero que conste que no hablo precisamente de mala fe, sino simplemente de que no nos podemos creer que ya lo sabemos todo y que no queda nada por descubrir.
Durante mucho tiempo se creyó que algo tan maravillosamente energético como la radiactividad tenía que ser por fuerza beneficioso y los fabricantes de dentífricos y de laxantes pusieron durante años torio radiactivo en sus productos. Su utilización no se prohibió hasta 1938. Cuatro años antes moría de leucemia Marie Curie, que precisamente pasó los últimos años de su vida molesta con los médicos y fabricantes de cosméticos que usaban productos radiactivos sin adoptar precauciones. Sin embargo ella era conocida por no tomarlas. Incluso hoy, sus documentos de la década de 1890 (incluidos sus libros de cocina) son tan peligrosos que no se pueden utilizar. Sus libros de laboratorio se guardan en cajas forradas de plomo y quienes quieran verlos tienen que ponerse ropa especial. Su marido, fallecido en 1906, ya había comenzado a experimentar los primeros síntomas de radiopatía hacia 1900. Y eso que ellos eran científicos y descubridores. (Datos en Bill Bryson Una breve historia de casi todo 2004).
Yo por mi parte, pienso seguir comiendo lo que me de la gana, por ejemplo, un buen café (aunque finalmente no resulte ser bueno para el cáncer sino para las pestañas, que me vendría bien porque me las estoy dejando…) recién molido y bien hecho, en las tacitas de la abuela, y para picar unos crunch y unos golden grahams que están buenísimos secos.

Vaya, por cierto, los cereales precisamente se popularizaron en los USA de la mano de toda una serie de fanáticos de la comida baja en proteínas, con una filosofía de andar por casa que llegó a desplazar a la ciencia de la nutrición durante mucho tiempo. (Ver el interesantísimo libro de Felipe Fernández Armesto Historia de la comida ed. Tusquets 2004).
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2 Comentarios »
Cannella • 26 . 10 . 2006 • 22:17
Pues el señor Illy suele hacer las cosas bien, en muchos campos, te lo prometo…así que creo que algo bueno, por pequeño que sea frente al interés económico, tiene que haber. Gracias por visitar mi blog, no perderé de vista el tuyo.
Spoom • 27 . 10 . 2006 • 8:34
Por supuesto, cuanto más sepamos de lo que nos llevamos a la boca, mejor. Aunque en esto, como en muchas otras cosas, opino que a veces lo más sano es un prudente escepticismo, y eso es lo que trata el post.
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