28 09 07
Las 8 fases de mi vida en la cocina

Fase 1: Bicochos y tortitas con las amigas. Destrozos varios y desperdicio de ingredientes en la cocina familiar.
Fase 2: Empiezo a cocinar salado, preguntando a los mayores y buscando recetas en los libros de casa. Disminuyen las bajas en el menaje y alguna receta sale bien.
Fase 3: Incansable coleccionismo de recetas: periódicos, revistas, fascículos. Programas de cocina de la tele. Ya no rompo nada y casi no tengo que tirar cosas.
Fase 4: Comienzo a gozar de cierto prestigio familiar como cocinera, preparo platos especiales para las ocasiones y para los invitados de mis padres, que habían olvidado ya los cazos quemados y otros desastres.
Fase 5: Me compro todos los libros y revistas de cocina y gastronomía que puedo, me los estudio a fondo y hago recetas cada vez más difíciles. Nuevamente paciencia de la familia con los experimentos.
Fase 6: Internet, qué decir…
Fase 7: Empiezo a cocinar mis propias recetas.
Fase 8: Les hago fotos, las publico en Internet.
Los bizcochos y las tortitas los hago ahora con mi hija pequeña y todavía conservo los recortes de periódico y las colecciones de recetas de la fase 3. Las etapas 4 a 8 no están cerradas aún, desde luego. Queda mucho por cocinar y por aprender.
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4 Comentarios »
dr. muerte • 01 . 10 . 2007 • 17:56
Acabo de descubrir tu blog y me ha encantado. Va directo a mi bloglines. Además coincido, casi plenamente, en tus ocho fases. ¡Increíble!
Spoom • 01 . 10 . 2007 • 18:51
Hola dr. muerte, me alegro de que te guste el blog, gracias!
Iscariote • 05 . 10 . 2007 • 8:41
Yo también he pasado por esas fases, e incluso como tú, también guardo todas las recetas que entraban en las revistas del corazón que compraba mi madre, e incluso ahora sigo guardando las que entran en los dominicales, ya que el peque de cuatro años que me acompaña muchas veces en la cocina elige muchas veces lo que quiere que le haga…
Spoom • 07 . 10 . 2007 • 9:06
Yo ya no recorto ¡porque no me caben en casa! En general cada vez selecciono más, no hay más remedio. Lo que dices de tu hijo, también me pasa a mí. Ellos te marcan lo que vas a cocinar muchas veces, que remedio…
Saludos, Iscariote.
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