01 09 09
Desventuras del gourmet de agosto

Que el mes de agosto es mejor no salir de casa, ya lo decÃa mi abuela. Y eso que ella no conoció estos tiempos tan desmejorados para el estómago. Seguramente por eso era tan gourmet aunque todavÃa no se hubiera importado la palabra.
Recuerdo veranear con ella en mi infancia y recibir por la mañana el pan recién hecho repartido a lomos de burro por los arenales de la provincia de Huelva. No se habÃan inventado tampoco las boutiques del pan y se llevaba a las casas lo que fuera y como fuera. Ahora, ya te puedes ir al pueblo o a la aldea más remota que comerás el mismo pan que en Madrid o en Barcelona. Y cuando digo el mismo, quiero decir exactamente el mismo: elaborado en la misma panificadora, congelado y distribuido para ser resucitado en esos hornos eléctricos que proliferan por todas partes. Si por azar hallaras una panaderÃa de las de antes, no te harás con una hogaza sin antes guardar ignominiosa cola, quizá bajo el sol. Los panaderos han aprendido, sólo faltaba. Ya no acuden a las casas ni el panadero, ni el médico ni el lechero. Y además burros quedan pocos y hay que cuidarlos.
Lejos queda también esa leche que en la sierra de Madrid repartÃa un hombre con una gran cántara de latón -el medio de transporte no sé si serÃa el burro, no me acuerdo, pero sé que usaba un cacillo para medirla-. Leche que habÃa que hervir y con cuya nata se hacÃan unos bizcochos increÃbles. Nos dicen que era peligrosa, pero no conozco a nadie que enfermara con aquellos bollos y aquellos colacaos. Siempre nos quedará, eso sÃ, el mito de la leche fresca, por mucho que hoy se le nieguen a la leche sin homogeneizar ni pasteurizar los derechos gastronómicos. Pero no deja de ser un mito y los mitos no se pueden degustar más que con la cabeza.
¿Y esa maravilla de verduras de la huerta, qué, tampoco existen ya? Bueno, para empezar, hay que tener la huerta, cavarla y cultivarla. A los veraneantes temporalmente emigrados de la gran urbe no nos queda más que esperar la suerte de que el frÃo, las granizadas, y posteriormente el calor y los bichos hayan respetado la cosecha de algún hortelano amigo, que haya excedentes y que este se acuerde de nosostros a la hora de repartirlos. Y conseguido todo esto, además hay que rezar para que reparta alguna cosilla de lo tierno, no los ladrillos que sólo valen para el Guiness. Todas estas coincidencias no se dan asà como asÃ, pero en el súper del pueblo no faltarán los paquetes de espinacas y lechugas precortadas… de hace varias semanas. Ni tres o cuatro yogures caducados, ni el queso seco, ni la leche con omegas y vitaminas, ni tantos otros deprimentes productos que nos harán renegar para siempre de la vida campestre.
¿Y esos hallazgos de restaurantes que nos dijeron que tienen el mejor pescado, el mejor marisco, el mejor tal y tal? ¿No los vamos a probar? Estamos de vacaciones, no hay por qué pasarse todo el dÃa cocinando. Pero aquà continúan las desventuras agosteñas, y nadie se explica por qué hay que salir contento después de conseguir mesa en un local abarrotado y caluroso, soportar el maltrato y la lentitud de camareros agobiados, la incompetencia del personal eventual, los productos de la huerta …del mercadona, el agua mineral del grifo. Después de sufrirlo todo con la paciencia de Job, llegarás una vez más a la conclusión de que cualquier momento es bueno para probar un restaurante excepto el verano.
Pero el gourmet es gourmet también en agosto y de momento perseverará en la tarea de abastecerse con productos locales que merezcan la pena. Asà que tras arduas investigaciones y quizá muchos kilómetros, sÃ, a veces pasa (claro que pasa, de esos momentos felices vive este blog, sin ir más lejos): ha aparecido esa huerta que vende al público, esa queserÃa artesana, ese restaurante que no se ciega por la avalancha turÃstica, ese carnicero que tiene vacas y que te invita a esperar cuando la carne no ha reposado lo suficiente, has ido al bosque y habÃa fresas, has contactado en el bar con un pescador que promete tenerte abastecido de lo más fresco. Y sÃ, crees que por fin está todo resuelto, que por fin has dejado de ser el turista pardillo a quien todos los del pueblo timan, para convertirte en un veraneante avezado. No obstante olvidas que hay un nuevo obstáculo que superar, una nueva amenaza que inevitablemente, año a año, se cierne sobre la alimentación de los pobres gourmets que en agosto se deciden a abandonar el terreno conocido para sumergirse en la tranquilidad de los pueblos: Las Fiestas. Porque cuando menos te lo esperes la queserÃa cerrará sus puertas, en el restaurante no habrá ya mesa, no podrás ni acercarte a la carnicerÃa sin riesgo de ser atizado por algún cabezudo o corneado por vaquillas perfectamente vivas, y al pescador y al de la huerta, inmersos en la diversión, no volverás a verles el pelo en tu vida.
Se acerca el fin de las vacaciones y el gourmet, que lo que es es un romántico, abandona ya toda esperanza de comer decentemente, se encierra en su provisional alojamiento y se entrega a la lectura del Werther, puesto que no caduca y no sabe a medicina, aunque ratos haya que dejar que la envidia fluya en secreto:
“Cuando al despuntar el dÃa me pongo en camino para Wahlheim y en el jardÃn de la casa donde me hospedo cojo yo mismo los guisantes, y me siento para quitarles las briznas al mismo tiempo que leo a Homero; cuando tomo un puchero en la cocina, corto la manteca, pongo mis legumbres al fuego, las tapo y me coloco cerca para menearlas de cuando en cuando, entonces comprendo perfectamente que los orgullosos amantes de Penélope pudiesen matar, descuartizar y asar por sà mismos los bueyes y los cerdos. No hay nada que me llene de ideas más pacÃficas y verdaderas que estos rasgos de costumbres patriarcales, y, gracias al cielo, puedo emplearlos, sin que sea afectación en mi método de vida.
¡Cuán feliz me considero con que mi corazón sea capaz de sentir el inocente y sencillo regocijo del hombre que sirve en su mesa la col por él mismo cultivada, y que, además del placer de comerla, tiene otro mayor recordando en aquel instante los hermosos dÃas que ha pasado cultivándola, la alegre mañana en que la plantó, las serenas tardes en que la regó, y el gozo con que la vio medrar de dÃa en dÃa!”

¿Será verdad? ¡Qué complicados son los placeres sencillos! Con una falsa sonrisilla triste y ninguna idea ni pacÃfica ni verdadera, finges coincidir con la señora del súper cuando se compadece de ti por tener que volver pronto a la horrible ciudad, a esa vida poco natural y poco sana, con lo bien que se vive en los pueblos. Y piensas que más lo sentirá ella mientras la ves teclear en su vieja caja registradora el precio disparatado de una mantequilla con el papel medio roto y seguramente rancia. “No le quedará otra ¿verdad?”, preguntas sabiendo de antemano la respuesta. “No”, dice con una extraña sonrisa tras la que asoman unos colmillos inusitadamente largos…
Por eso, cuando superado el reto vacacional vuelvas con alivio a esos proveedores de invierno que durante años has ido seleccionando, comprenderás el sentido de la aburrida expresión “merecido descanso”. Acudirás a ese supermercado que tiene un horario conocido por todos y donde sabes que siempre hay leche sin caducar a la que al menos no le han quitado las vitaminas para añadÃrselas después. La seguridad de la costumbre te llevará sin vacilación a las estanterÃas donde puedes encontrar esa leche y tantas otras cosas bien conocidas y probadas, sin pérdida de tiempo y sin que tus nervios sufran ya más de lo necesario. Sabrás llegar sin tropiezos a ese puesto del mercado que pasa de precortados, ignora los “packs” y tiene toda clase de hierbas en frescos manojos: acabadas de llegar del campo… (¿cuál?) Esperarás con tranquilidad la llegada de la temporada de las setas y la caza, en la seguridad de que estarás abastecido a tiempo sin tener que preocuparte de acotados, envenenamientos, desplumados y otros horrores. Vuelves reconciliado con la gran ciudad que aglutina maravillas llegadas de un misterioso campo y de un misterioso mar que seguramente no existieron nunca. Pero qué importa. La ciudad te arropa como la vieja y suave mantita de tu sofá y a pesar del calor, se lo agradeces. El saludo de los vendedores de siempre, el reencuentro con los restaurantes favoritos, libres ya de las improvisaciones del verano, te hará suspirar de verdadero descanso y reconocerás que las vacaciones han merecido la pena. Y cuando amigos y familia te cuenten lo de aquellos percebes, lo de aquel restaurante increÃblemente bueno y barato, te hablen de de las lonjas, de las huertas, sigue descansando. No dejes que tus gourmet-neuronas entren en ebullición y piensa que el “relato fantástico postvacacional” ha sido y es un género literario de gran tradición y arraigo. Con la despensa llena de alimentos de calidad garantizada y la mente gastronómica ya planeando los menús, no pasa nada por disfrutar un rato escuchándolos.



















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14 Comentarios »
Gloria • 01 . 09 . 2009 • 19:56
Ja! ja! ja! cuanta razón.
¿sabes que yo de pequeña iba a Huelva con mis abuelos????
Punta UmbrÃa, la Punta el sebo, Mazagón….. yo recuerdo que vendÃan el agua en burros.
Gloria • 01 . 09 . 2009 • 19:57
Ah!! me encanta la foto de las sillas y mesa en verdes!!!
Miriam/El invitado de invierno • 01 . 09 . 2009 • 23:05
Jo, casi me deprimes, sobre todo con el tema de la imposibilidad de conseguir productos naturales y sin artificios, como antes… que lo de que la leche cruda era mala es un engaño!!!!!! Peor es tomar la leche homogeneizada llena de antibióticos y restos de pesticidas… en fin, que a mà estos temas me disparan, me callo.
Un beso
Carlos Dube • 02 . 09 . 2009 • 8:23
Vaya pluma que tienes Spoom. Las vacaciones como desencuentro. Me ha encantado tu artÃculo y lo que comentas. Qué razón que tienes en todo, aunque no sé por dónde empezar a comentarte. Sobre esa primera parte acerca de algunos productos que antiguamente conseguÃamos del campo, o de la tahona y ahora no, es algo que difÃcilmente tiene un paso atrás. Todo sigue una lÃnea apocalÃtptica, y esto va encaminado a saborear lo mismo con distintos colores y formas. Es un poco exagerado pero no parece que tenga solución.
Además, antes todo sabÃa mejor, y todo era más auténtico, sólo y exclusivamente porque antes habÃa otras plantas, otras semillas, otros animales, otros valores. Antes reinaba el ‘démelo bueno’, y ahora es el ‘más por menos’. La mediocridad se ha establecido sin duda, tanto en el comerciante como en el consumidor. Y esto es un intangible dentro de la globalización en la que vivimos.
También tienes razón con lo que comentas sobre la generosa solidaridad del amigo o familiar que consigue o accede a productos auténticos del campo, que tampoco son exactamente como los de antes, pero que se aproximan esa calidad ‘heirloom’ y no hÃbrida, evocadora y romántica (como comentas) de un ayer no tan pasado. Que pena de diversificación, madre mÃa. Dentro de poco hablaremos en nuestro blog sobre los melones de Madrid. Te darás cuenta que a todos los niveles estamos abocados a esto, a la adoración constante del IMC, algo orientado a lo que desea ver la gente, y no a sus caracterÃsticas organolépticas y a su valor botánico.
Muchas veces, y aunque me vaya un poco por la tangente, nos hemos preguntado porque a los ecologistas la botánica parece que les ha dado siempre lo mismo. ¿Has visto alguna movilización por la pérdida del pimiento ‘cuatro cascos’ de Aranjuez? ¿O la judÃa churrilla de Henares? ¿O el cardillo del Jarama? ¿O la listada de GandÃa? ¿O la caña de azúcar de la Costa Tropical?. Por plantas terrestres yo no recuerdo ninguna movilización que no sea la protección de bosques y legados biológicos y naturales. Pero esa pérdida constante de semillas o especies por el hombre y su entorno, no ha estado respaldada por casi ninguna organización, y esto creemos que es injusto porque tendrÃa todo nuestro apoyo. Oiga, las plantas también mueren, desaparecen, sufren e incluso se cometen auténticas aberraciones vegetales. Un ejemplo que siempre comentamos a modo de broma, es la recogida de los espárragos blancos, uno de los mayores abortos vegetales que existen en occidente. Menuda planta puede llegar a ser y no es. Un asesinato en toda regla que muchos dicen que está bien porque la planta no se come. Ya, y tampoco se suele comer la vaca, y sà la ternera, y filosofÃas como la del veganismo no esto no lo permite, y lo otro sÃ. Y la mayor parte de miembros dicen que son verdes. No entendemos nada.
Bueno, que me voy por los cerros de Úbeda. También, y sobre los restaurantes de vacaciones todo lo comentas también es verdad. Qué penurias pasamos para poder disfrutar de algún bocado interesante, que reconocemos que los hay, pero pocos. Nada que añadir, bueno sÃ, y esos baños, esas cortes nauseabundas que vamos, ¡qué me dices!… En algunas ocasiones madre mÃa, que manera de fastidiar cualquier experiencia culinaria. Pero bueno, siempre nos alivia saber que vayamos dónde vayamos, y excepto raras excepciones, en casa siempre se come mejor, y no es una frase hecha. Es una verdad absoluta.
Por último, yo cuando llegué de vacaciones me dije ‘por fin en casa’. Eso lo dice todo. Luego siempre lo fastidia el volver a trabajar, que vaya mesecito de Agosto que hemos tenido. Aunque también, y por otro lado sólo Dios sabe que por esto el descanso, aunque no se descanse, es más descanso, si no, otro gallo cantarÃa.
Gracias Spoom por comentarios como éste, inconformista, detallista, realista y el mejor que he leÃdo sin duda.
Un saludo.
Erika • 02 . 09 . 2009 • 13:48
Comparto muchas de las cosas que decÃs porque lamentablemente la globalización espande todo, hasta el apuro. Yo no tuve la experinecia de comprarle al lechero pero sà mis padres. Asà que puedo hablar pero solo de lo que me contaron. “No sabés lo rico que era pasarle el dedo a la crema que se formaba en la parte superior del bote de la leche!”
Con una mezcla de tristeza y alarma puedo comentarte aque a unos niños les preguntaron de donde salÃa la lechuga y respondieron totalmente convencidos “Del Supermercado”
Pero no hay que ser derrotistas, está en nuestras manos educar a los que tenmos cerca. Siempre algo puede ser distinto.
Es un placer leer tus publicaciones
Cariños
Lila Ortega • 03 . 09 . 2009 • 19:48
Yo soy recolectora, lo descubro cada verano en el campo… las moras, las frambuesas que no miro en el mercado aqui son los placeres mas intensos… claro que yo querria la huerta, la queserÃa y el campo y sólo connsegui free ranch eggs! que recogia en una cajita metálixa que hacia las veces de buzón en los rfarms de inglaterra… esos huevos me saben a glora… me uno a tu lamento
carmen rico cots • 03 . 09 . 2009 • 22:05
Hola Spoom, me he “colado” entre tu y Carlos, os he leÃdo muy atentamente y la verdad es que da gusto lo que sois capaces de transmitir. Y una no puede otra cosa mas que quedarse embobada ante tantos matices y tantas cosas ciertas, que también muchos de nosotros pensamos y no sabemos expresarlo tan bien. Asi que es una suerte tenerte.
Por algunos de mis comentarios ya puedes intuir mi opinión sobre esos alimentos excelsos de los que hablas, yo también tengo cierto rechazo hacia esos lotes de los hiper del 3×2, alimentos en rebajas!! los pongo en el carro, pero nunca los alimentos frescos, yo soy de mercado, con ese maravilloso Mercado de ChamartÃn que tanto nos gusta!!!
Y sobre la relación vacaciones-comer, salvo que te vayas a sitios del interior y aún ahà es cierto lo que dices, es que hay hasta “baguettes” en panaderias de pueblos de 100 habitantes. Y en cuanto al pescado fresco ¿como es posible que en todos los restaurantes de una zona concurrida puedan ofrecer, pescado fresco recién traido de la lonja, gambas frescas, cigalas, langostinos, “todo de primerÃsima calidad” que no, que es imposible, no hay tanto pescado y marisco fresco para todos los restaurantes el mismo dÃa y a la misma hora…..
Te felicito por tu artÃculo, (a Carlos también) llegáis donde muchos (entre los que me encuentro) queremos llegar y no sabemos como!!!
…..y que bien se está en casa!!!
Un beso fuerte
Spoom • 04 . 09 . 2009 • 13:23
Hola a todos, qué dificil contestar vuestros comentarios, cada uno me darÃa para otro post… Tocáis temas muy interesantes y ¡polémicos!
Con respecto a los productos con pesticidas, todos iguales, sin personalidad, etc. que mencionáis Miriam, Carlos y Erika creo que todos estamos de acuerdo en preferir los productos naturales, consumidos cerca del lugar de origen, etc etc, y por supuesto yo también desearÃa que no desaparecieran las variedades especÃficas de cada lugar que dices, Carlos. Es una cuestión obvia de sabor y de sabores. Y ahora voy a crear polémica: no estoy muy segura de que sea una cuestión de salud. Desde 1960 a 2002 aumentó la esperanza de vida al nacer en 10 años (en España), asà que quizá sólo nos estemos envenenando el gusto, pero nada más. Aunque quien sabe si además de comer mucho comiéramos más sano, cuánto habrÃa aumentado esa esperanza y cuánto habrÃan mejorado las condiciones de vida mientras uno no se muere…
En todo esto de la globalización, los cultivos etc. siempre tengo la sensación de estar recibiendo informaciones contradictorias. Al final, como me doy cuenta de que no voy a saber nunca lo que estoy comiendo, me conformaré con que no me maten, o al menos con que no me maten demasiado.. jeje.
Mientras sobreviva, intento ir sobre todo al mercado, que allà por lo menos todo está más fresco y más rico.
En todo caso, es verdad que me ha salido un post un poco “quejica”, que no es lo mÃo, jaja. Prefiero hablar de cosas buenas. Y ya estoy pensando en un post ¡totalmente contrario!
Lo que pasa es que cuando una que es aficionada a estas cosas se va de vacaciones, va con sus ilusiones de probar esto o aquello, con el recuerdo de veranos bucólicos -gastronómicamente hablando- no tan lejanos… y a veces es muy muy difÃcil llenar estas expectativas. Este año he estado en junio y en agosto: como la noche y el dÃa. Lo de los restaurantes que comentas, Carmen, qué diferencia ir en una u otra época del año. No sé si estás de acuerdo conmigo.
Gloria: del burro del agua no me acuerdo, sólo del del pan, jaja. Es que Huelva debÃa de estar llena de Plateros!
Lila: este año no he recolectado más que moras ¡estoy frita! Los arándanos se los habÃan comido las vacas, las fresas se debieron de helar… yo creo que ahà empezaron mis desdichas!!
Abrazos a todos!
Taconessintapas • 10 . 09 . 2009 • 8:38
hace poco que conozco tu sitio, pero me parece uno de los mejores en cuanto a gastronomÃa.
Saludos!
Spoom • 11 . 09 . 2009 • 16:36
Gracias Tacones!
Israel • 19 . 09 . 2009 • 10:55
Hola Carmen, es un placer volver a leerte, tus seguidores echabamos de menos esos post escritos con tanta sabidurÃa y estilo.
Como bien se deduce de tu texto, buscar los alimentos que antaño eran tan naturales hoy en dÃa puede resultarnos todo un quebradero de cabeza…Y es que desde hace 20 años hemos dado un giro radical en todo lo que se refiere a distribución alimentaria y hábitos de consumo, para bien y para mal.
Para bien porque ha mejorado inmensamente el nivel medio de restaurantes, comedores comunitarios y restauración colectiva en general, además de que el consumidor es mucho más consciente de lo importante que es la higiene alimentaria.
Para mal porque nuestros hábitos de consumo tienden a hacerse europeos o americanos, y cada vez comemos con más prisa y peor. Estamos acostumbrando a nuestros sentidos a los sabores prefabricados, nuestro esfuerzo a las comidas preparadas y en general tendemos a que nos lo den todo hecho en la cocina.
Por no hablar de que a dÃa de hoy la distribución alimentaria la controlan 3 grandes grupos en España (Carrefour, Eroski y Mercadona), con lo cual los pequeños productores cada vez más están abocados a la desaparición.
Por eso, lo mejor que podemos hacer para intentar cambiar esta dinámica es dedicar todo el tiempo posible al acto social que implica el cocinar y comer: Tomarnos nuestro tiempo, sentarnos a la mesa, disfrutar preparando lo que luego saborearemos…y tratar de comprar siempre que podamos género en el mercado de toda la vida y a las tiendas de toda la vida.
¿Que eso es incompatible con nuestro estilo de vida? Pues quizá nos tengamos que plantear si ese estilo de vida es saludable…
Un saludo
Spoom • 21 . 09 . 2009 • 16:00
Hola Israel, efectivamente, no deja de ser una cuestión de tiempo (y también a veces económica). Como no te lo tomes en serio lo más fácil y cómodo es comer cualquier cosa, todo conduce a ello. Pero los gourmets de este blog, no estamos por esas, como bien se ve!
De todas formas, estas son las desventuras de las vacaciones en agosto… en otras épocas la cosa cambia bastante.
Un abrazo
polita • 22 . 09 . 2009 • 12:18
Leyendo tu crónica me doy cuenta de lo privilegiada que soy en algunos momentos. En verano aun puedo beber leche recién ordeñada (y hervida tres veces, claro), hacer bizcochos con su nata, comer tomates y lechugas de la huerta, pimientos y calabacines, berenjenas y judÃas verdes… Fruta de verano como ciruelas, peras y, ahora higos, y en otoño me pongo pinta a nueces y avellanas recién cogidas del arbol.
Y la semana pasada compré una estupenda hogaza a una señora que va con su furgoneta por Tierra de Campos (Palencia)
En fin, una privilegiada…
Gracias por hacerme darme cuenta.
Besotes!!!
Aventuras del gourmet de septiembre- secocina.com • 25 . 09 . 2009 • 13:05
[...] están ya las desgracias que os contaba por boca de ese pobre gourmet del mes de agosto. Ha llegado septiembre, se ha mediado, la odiosa rutina parece por fin retomar su ritmo [...]
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