26 02 08

Desayuno en Tiffany’s y atracón en Las Vegas

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He visto hace poco Desayuno con diamantes y no he podido, como últimamente me pasa siempre que veo alguna película, evitar fijarme en lo que comen. A pesar del nombre, en esta comen poco, y en cambio beben como cosacos. De la nevera puede salir leche para el gato o un par de zapatos, pero más frecuentemente champán y análogos.
Sólo hay un momento “culinario” en la cinta: con toda su pretendida sofisticación, el día en que Holly invita a Paul a cenar, tiene al fuego nada menos que una olla exprés que acaba explotando y llenando de arroz el apartamento. Pero es que esto sucede en su fase de ama de casa y chica buena, cuando hace punto y se va a casar con el brasileño rico…
Sin embargo por poco que coman, y aunque les explote la olla, la escena inicial en la que Audrey Hepburn desayuna el croissant y el café frente al escaparate de la joyería, para mí vale por mil banquetes en pantalla. Ya sabéis que el oro no se digiere, pero se puede comer. De hecho se utiliza bastante en pastelería. Aquí no se come oro, sino un simple croissant, sin diamantes -que permanecen en el escaparate-. Pero eso sí, con perlas, vestido de noche, gafas… total. Cierta persona que ve esta película cada dos por tres, vamos, que la ve como quien se desayuna un croissant, dice haber observado que Hepburn no come el croissant bien del todo… para su gusto. Que mastica un poco con la boca abierta. En fin, creo que eso ya es pedir gollerías.
Será que esta persona no ha visto, como yo el otro día, Ocean’s Eleven. En ella Brad Pitt no para de comer cosas que, como el croissant de Audrey Hepburn, también saca de una bolsa. Pero ay, qué diferencia. No es que el amigo Brad mastique con la boca un poco abierta o que hable con la boca llena, sino todo a la vez. Te llegas a preguntar cómo lo logra. Qué barbaridad. Y además los ruidos… Indudablemente, todo lo que ingiere es comida basura, no veo otra opción. El atracador de casinos atracándose de grasas innombrables. En cambio el croissant de Tiffany’s no puede ser más que un croissant de los buenos, bien crujiente y oliendo maravillosamente a mantequilla. Grasa saturada, sí, pero exquisita.

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