≡ 17 06 09

Balance de la feria del libro de Madrid 2009

La feria del libro me encanta y ningún año fallo. Me gusta pasearme tranquilamente una manaña entera, curiosear todas las casetas que puedo y cargarme de libros nuevos a pesar del problema doméstico que empiezan a suponerme.
Este año me he quedado un poco con las ganas. El domingo pasado se clausuró y tan sólo había podido estar una hora. Pensaba volver esta semana cuando me enteré de que ya se acababa. Pero no me quejaré, una hora es una hora y fue bien aprovechada. Una feria tan grande y variada da para mucho, da igual cuales sean tus aficiones, hasta si entre ellas no se encuentra la de leer, simpre vas a encontrar algo que te interese. En mi caso, como aficionada a la lectura, no hay más que hablar. Pero es que gastronómicamente la feria del libro también da mucho juego.


Para empezar, están las casetas de editoriales que tienen alguna colección de gastronomía. En ellas se pueden hallar títulos difíciles de encontrar en la mayoría de las librerías.

Luego están las de asociaciones regionales de editores. Aquí sí que hay libros raros sobre la gastronomía regional de las distintas zonas difíciles o imposibles de encontrar lejos de su tierra salvo en ocasiones como esta.

Y por último tenemos las publicaciones oficiales: a veces en la caseta del Ministerio de Cultura, o de Agricultura, Pesca y Alimentación (o como se llame ahora ¿Medio Ambiente?), o de las Comunidades Autónomas pueden aparecer cosas sorprendentes: catálogos completísimos (hace años me hice con uno de quesos que era la bomba), libros históricos, de gastronomía regional… Algunos están muy bien editados y en general suelen estar bien de precio.

¿Y cómo aproveché mi horita de feria? Pues además de otras incursiones literarias, aunque no gastronómicas, tuve tiempo de curiosear en la asociación de editores de Asturias, donde me hice con “Cuarenta quesos, cuarenta platos” de Lluis Nel Estrada. Como todo lo que tenga queso es mi perdición, y los quesos asturianos son tan fuera de serie, no pude resistirme… Con honrosas excepciones siempre dulces, la ausencia del queso en la cocina española era algo que clamaba al cielo durante siglos, pero en la actualidad las cosas han cambiado. Cocineros, gastrónomos y gourmets estamos todos de acuerdo en que los quesos (y los paladares) españoles se lo merecen. Así que este libro es requetebienvenido en mi cocina.

Después me accerqué a la editorial Trea que tiene una colección “La Comida de la Vida” que es fantástica. Allí adquirí “Cenas reales y presuntas. La casuística de las comidas romanas” de Thomas de Quincey y “La comida como cultura” de Massimo Montanari. Trea no sólo reedita clasicos que antes o no se encontraban o sólo a veces se encontraban viejos, (obras de Picadillo, Dionisio Pérez, o hasta el arte de cocinar de Bartolomeo Scappi…) sino también obras nuevas muy interesantes. Encima la edición es preciosa. El papel, los generosos márgenes, el diseño de la cubierta, todo me gusta. Total, que me la voy comprando poco a poco.

Con el de Quincey pienso divertirme tanto como con “Del asesinato considerado como una de las bellas artes”. Me gustan su ingenio y su manera de escribir. Un par de citas de ejemplo:

“La casuística es capaz de grandes proezas. La mano nada imparcial de la casuística ha demostrado ser un rival más que digno de la cuaresma con todas sus cuarentenas.”

“Tal vez , del mismo modo que dos negaciones hacen una afirmación, pueda pensarse que dos finos espejismos puedan aglutinarse en una tortita, y que dos banquetes imaginarios pueden resultar en la raíz cuadrada de un huevo escalfado.”

La obra de Montinari (Profesor de Historia Medieval y de Historia de la Alimentación), contempla la comida como hecho cultural y por tanto artificial. Como generalmente tiendo a relacionar cocina con naturaleza (por oposición a los precocinados y alimentos excesivamente elaborados), me parece una perspectiva interesante, aunque -obviamente- obvia. Como señala en su prólogo, la comida es cultura cuando se produce, cuando se prepara y cuando se consume, y esto, por muy naturales que nos queramos poner, no hay quien lo niegue. De momento sólo lo he hojeado un poco, pero me temo que no tiene desperdicio. Aquí va una muestra:

“Sólo el ansia y el aburrimiento de los ciudadanos ricos han transformado aquel pan pobre (el pan oscuro) en comida de élite, promoviéndola en la herborísterías y en tiendas de especialidades gastronómicas como una nueva imagen de un pasado que nunca existió, de una ruralidad incorrupta y feliz que los campesinos nunca han conocido.”

¿Qué opináis vosotros?

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4 comentarios a → Balance de la feria del libro de Madrid 2009

  • Carlos Dube • 17 . 06 . 2009 • 13:22

    Opinamos que Montinari tiene razón, pero así ha pasado con todo. Algunos lo llaman progreso, y otros estupidez humana. Vamos a quedarnos con lo primero, que es lo más sensato y racional.

    Pero con lo que me quedo Spoom es con la propuesta implícita de tu post, aunque a lo mejor piensas que me voy por la tangente. Habremos ido a la Feria del Libro dos veces en nustra vida, y en ninguna de las dos se nos ocurrió buscar gastronomía. Eran otros tiempos, es verdad, pero no creo que se me hubiera ocurrido ir a esto.

    Por lo que cuentas ir por allí puede ser muy provechoso. Precisamente estoy buscando varios libros de tirada local que me interesaban, y tú me has abierto los ojos. A lo mejor los pueden haber traído en alguna ocasión, y yo en casa fotografiando coliflores. En fin, es grato saber que gente como tu es capaz de abrirnos los ojos, y que nunca gastamos todos los comodines.

    Y sobre los libros que hablas, no los había visto nunca. Parecen interesantes, sobre todo el de Montinari, pero ya nos irás contando.

    Un saludo.

  • SandeeA • 18 . 06 . 2009 • 14:29

    Gracias por llevarnos de la mano a la Feria del Libro a los que no pudimos asistir :) Cuando vivía en Madrid no me la perdía… aunque entonces la verdad no sentía el más mínimo interés por la cocina :P

    Totalmente de acuerdo con Montinari, a quien no conocía… te va a parecer una tontería, pero me he acordado de Heidi jajaja La abuela de Pedro se pasa toda la serie comiendo pan negro, y soñando con panecillos blancos, que por supuesto Heidi termina llevándole! Ese momento es tan emocionante como cuando recupera la vista! Perdón por esta vuelta a la infancia, pero es lo primero que me ha venido a la mente!

  • Juan • 21 . 06 . 2009 • 1:54

    Hola.
    Este comentario no es acerca del tema, sino genérico.
    He estado curioseando tu página y me ha parecido muy interesante y bonita. He buscado la típica información que se suele incluir en las páginas web de quién está detrás de ellas y no he visto nada.
    ¿Quién eres? o ¿quiénes sois?
    Saludos.

  • Spoom • 23 . 06 . 2009 • 7:33

    Carlos y SandeeA: la Feria del libro es una superabundancia tal de letra impresa que puede llegar a estresar… Después de muchos años de práctica llegas a un abordaje ordenado de la situación, más que nada para no ir a lo loco y disfrutarla en condiciones. Bueno, disfrutar, yo la he disfrutado siempre, a lo loco o en plan sistemático da igual. Simplemente el hecho de observar a miles de personas mirando o comprando libros ahora que dicen (como siempre..) que el mundo está tan mal, piensa una que no es para tanto. Compartirlo con vosotros es un placer.

    En cuanto a Montinari, yo opino que tiene razón por un lado y por otro no: la vida de los campesinos que sólo podían comer pan negro distaba mucho de ser idílica, desde luego. Por lo tanto, la evocación de algo que nunca existió no pasaría de ser una táctica más para vendernos el pan. La elección de unos alimentos u otros nunca es emocional ni socialmente neutra. Sin embargo, también es cierto que las ventajas de lo que es corriente o se puede conseguir fácilmente no se suelen apreciar: ni por los campesinos de antaño, ni por nosostros o los mismos agricultores actuales -que no me cabe duda de que también compran pan integral en panaderías especiales o herbolarios-, porque en realidad sí se sabe que el pan negro tiene propiedades nutricionales de las que el blanco carece.

    SandeeA: me has hecho recordar esos panecillos de Heidi. ¿Sabes lo que encantaba de ese libro? (en cuestión de comida): las rebanadas de pan con queso derretido en la chimenea que se zampaban Heidi y el abuelo ¡tenían que estar buenísimas! Lo de beber leche directamente de la cabra ya no me atraía tanto, la verdad…

    Juan: Muchas gracias. Arriba a la derecha tienes un enlace “Acerca de Secocina- Carpaccio y Spoom” donde está todo lo que quieres saber. Bienvenido.

    Un abrazo a todos!

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