23 04 09
Aderezos primaverales

Antes del buen tiempo ya llega a golpes sueltos. El aire de primavera se percibe los ratos de sol, al caer de la tarde cuando los dÃas se alargan. Pero por fin ha llegado del todo y puede llenarnos los pulmones. Un aire que estés donde estés tiene algo marÃtimo, vacacional, como esas gaviotas y cormoranes que viven ahora por todas partes. En primavera, morder una manzana equivale a pisar la hierba fresca, mullida, recién brotada. En otoño, la nostalgia del bosque quizá nos haga pensar en platos de caza. Los primeros frÃos, en los de cuchara. Las manzanas, en dorados postres de abuelas. En cambio la primavera es el reino del agua. El recuerdo de los efluvios primaverales que entraban por la ventana abierta del aula y convertÃan las palabras del profesor en algo remoto y extraño, me trae al olfato el agua de los torrentes que ayer mismo eran nieve. Hoy son aire y son agua.

También la primavera es el reino de lo vegetal. Lo vegetal recién nacido, gestado en secreto bajo la tierra helada para aparecer repentinamente cubriéndolo todo. Pequeños brotes repletos de agua, belleza y bondad de la vida. Sabes que ya llega cada vez más fruta, más verdura, más olor y color de la naturaleza. Esto no ha hecho más que empezar.

Los recuerdos son olfativos. Los fresones eran fruta de primavera y no de invernadero y su olor se corresponde ya para siempre con los exámenes y con la estimulante proximidad de las vacaciones. Se acaba mezclando con los primeros tomates maduros, con los pimientos, que al ser cortados llenan con su aroma toda la cocina; con los gazpachos -primicias del verano- preparados con la puerta abierta al jardÃn.

Pruebo un plato y su olor-sabor me llena la boca, el cerebro. Automáticamente quiero cocinarlo, como algo natural. No pido la receta porque soy demasiado joven. Sin embargo al cabo de unos dÃas lo cocino. Los recuerdos son muy simples, el sol entra por la ventana mientras pelo esas patatas nuevas que rezuman agua, crujientes. Los árboles ya verdes. El aire y el canto de los pájaros ya se asociarán siempre a esas patatas y a esa cebolla blanco transparente con un vapor de vino blanco. Me doy cuenta de que pido muy pocas recetas. Prefiero que mi paladar anote las sensaciones que me gustan y luego las intento reproducir, combinar, recordar suave o vivamente, quizá en platos distintos.
Hay muchas violetas bajo los árboles. Tantas que no se nota si me llevo un puñado. Las pongo en un cuenco, hago muchas fotos, y me paso todas las vacaciones de Semana Santa con la nariz metida en ese cuenco, haciendo campana con las manos, impregnándome de su color nazareno y de su perfume pascual.

Casi todos los platos se acaban condimentando con recuerdos. O hasta dirÃa que el recuerdo es el principal condimento de la mejor cocina. Todos son olores, la mayorÃa se han convertido en sÃmbolos personales de algo. Los buenos recuerdos son pequeños, sensaciones fugaces nada sofisticadas. Apetece dejarse llevar un poco y aderezar los platos con ese ingrediente especial que es parte de una misma. Recuerdos de primavera que vienen tan tontamente inesperados, brillantes y alegres como la estación, que surgen de la nieve rápidos como arroyos, y que quiero hacer llegar hasta mis dedos de cocinera para que unos platos sencillos se puedan convertir en un gran banquete.
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3 Comentarios »
Cocinapro • 24 . 04 . 2009 • 10:56
Genial aportación, Spoom.
zerogluten • 24 . 04 . 2009 • 16:23
Precioso todo lo que cuentas y como lo cuentas, pero hoy tengo tal ataque de alergia que la palabra primavera me pone los pelos como escarpias.
Besitos sin gluten y felicidades por las fotos. Francamente preciosas.
Spoom • 24 . 04 . 2009 • 19:42
Gracias, cocinapro
Zerogluten: jaja… yo también soy alérgica! Pero justo estos dÃas no tengo. A pesar de ello tengo muy buen olfato, y muy buenos recuerdos gastronómicos.
¡Que te mejores!
Un abrazo
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